Como se pueden imaginar, este no es un artículo de defensa del barcelonismo ni nada por el estilo. Tampoco es un artículo jurídicamente riguroso. Es un artículo de agradecimiento a la labor de concienciación a la que venimos haciendo alusión en los últimos años.
El pasado lunes, en la rueda de prensa que realizó el presidente del Fútbol Club Barcelona por el escándalo mediático que está suponiendo el Caso Negreira y los pagos que ha realizado el club desde el año 2001 a la empresa de éste, un periodista le formuló la siguiente pregunta: ¿lo volvería a hacer?
La respuesta fue la siguiente: “Afortunadamente, las grandes corporaciones, empresas, los grandes clubes, las grandes corporaciones tenemos el área de compliance. El compliance, se trata de prevenir posibles conflictos en el seno de la institución y lo que haría en estos casos sería decirle al área de compliance que objetivara esta prestación de servicios”.
Sin entrar a valorar las labores de compliance que se hayan realizado en los años en los que lleve implantado este sistema preventivo en el Fútbol Club Barcelona, por absoluto desconocimiento y porque sería una temeridad, hay que dar las gracias al presidente del club. Se dice que no hay mejor profesor que el error y esta es una muestra de ello. Ante un problema de naturaleza legal, reputacional y económica como el que tiene el FCB, Laporta alude al compliance.
No obstante, si se me permite hacer una corrección al presidente del FCB, no sólo las grandes corporaciones tienen el área de compliance, sino que estos programas son adaptables a todas las compañías, clubes y corporaciones. Lo esencial en este punto es disponer de un sistema que te permita controlar los riesgos a los que está expuesta la organización, estableciendo métodos de control y prevención para que, ante un presunto incumplimiento de la normativa de aplicación (cada empresa con su ámbito de riesgo), se pueda acreditar la diligencia en la gestión.

Borja Llonín. Socio BLC Compliance